Para el músico uruguayo Jorge Drexler, "La melodía es como un fijador que se añade para dejar claro lo que queremos trasmitir." En este LP, Indios grises van más allá. Cada tema ha sido especialmente estudiado y, con exquisita puntería, elegido para fundirse con la letra. Delicada pero firmemente, el revolucionario decir de Menassa se asienta en el hacer de estos músicos y el resultado es un producto redondo que, sin exagerar, podemos calificar de clásico.
Clásico viene del latín classicum (de primera clase), y se aplica a aquello que se adapta a las normas y costumbres consideradas como fórmula de perfección establecidas (Larousse).
Y es que la seriedad de los componentes del Grupo es digna de mención. Esto se nota, tanto en el resultado final como en cada uno de los temas, pasando por la manera en que cada músico se entrega al instrumento para ser pura vibración.
Vayamos de lo general a lo particular. Este álbum ha sido pensado con inteligencia, hasta el último detalle. Rock, blues, jazz, son los ritmos que marcan la pauta, pero libres de aquellas suciedades sonoras, de texto, de rabia y de actitud que, a veces, el género exige. El grupo se siente más cómodo entre baladas clásicas tratadas como porcelanas y retazos sabiamente avinagrados de las formas libres de los sesenta.
El primer tema, a modo de presentación, nos va introduciendo en el clima necesario para captar la dimensión del hecho. Y no deja lugar a dudas. Un comienzo de alto nivel que no decaerá en ningún instante, al contrario, irá aumentando en intensidad, controlando la energía hasta el momento final en que el sonido pareciera estallar en mil pedazos, sin que por ello nos sintamos agredidos.
Difícil apuesta, tratándose de este tipo de ritmos, que los músicos resolverán con exquisita rigurosidad. Con una elocuencia honrada y sincera, ligarán conceptos y acordes sin el pie de la técnica encima del cuello. Muestra de ello es el último corte, una auténtica fiesta para los oídos, donde cada instrumento (guitarras, bajo y batería) tiene su momento de gloria. Y vaya si lo aprovechan.
Rock casi académico, donde Leandro nos muestra sin tapujos, pero también sin excesos, la fuerza de su voz. Soberbio ejercicio de doma para este pura sangre, que le permitirá recorrer todos los registros y sus matices, con la libertad de quien sabe que ya ha elegido sus cadenas.
Como muestra, baste un botón: "Soy un hombre cautivado por su propia ternura" reza la letra del tema 6 y podemos reconocer en esa frase una ley. En todas las canciones, por muy crudo que sea el mensaje, hay un punto de ternura, logrando un sonido poderoso y recio, autentificado por esas grietas y desconchones que todos los artistas íntegros aprovechan en beneficio de un punto de expresividad adicional.
Estamos de suerte, hoy se vuelven a poner de moda otros valores musicales que poco tienen que ver con la feria de las vanidades comerciales que es el pop ahora mismo. El trabajo por combustible, canciones de verdad y un sonido fresco son las armas de este cuarteto que dará mucho que hablar. Fecundo mestizaje que acaba produciendo, seguramente sin pretenderlo, como fruto de indudable madurez, una creación siempre abierta: EL ARTISTA CREADOR, música de primera clase.
Carmen Salamanca Gallego
Gerente de la Editorial Grupo Cero